Cuando falta la libertad

30/May/2012

El País, Uruguay, Jorge Abbondanza

Cuando falta la libertad

30-5-2012
SEÑALERO

JORGE ABBONDANZA
Los hechos lo demuestran: la libertad es uno de esos placeres del que se habla mucho y se disfruta poco. Lo saben los países donde ha escaseado o sigue faltando esa facultad de hablar, escribir, actuar o moverse según la voluntad propia y no las órdenes ajenas. Cuando se repasa el curso que han seguido unas cuantas naciones contemporáneas (Alemania hasta 1945, España hasta 1975, Italia hasta 1943, Rusia hasta 1991, Brasil hasta 1985, Chile hasta 1997, Argentina hasta 1983, Uruguay hasta 1984) se comprueba que las interrupciones pueden ser largas además de graves, confirmándose de paso lo dificultosa que puede ser su recuperación y el costo que ha tenido la experiencia de perderla.
Hace unos días se celebró en Oslo el congreso anual del Freedom Forum (Foro de la Libertad), cuyo presidente dio el sombrío anuncio de que «hoy existen menos países libres que hace cinco años». En el mensaje inaugural se hizo referencia a América Latina, con especial mención de Venezuela, cuyo régimen «arrasó con la independencia judicial» y ha atentado reiteradamente contra la libertad de expresión. El Foro también señaló a los países regionales que se niegan a formular reparos contra la situación cubana o la nicaragüense. En ese ámbito se trazó un cuadro de los ejemplos actuales de despotismo, encabezado por Corea del Norte.
El Foro denunció el caso de Nepal, donde el 90% de las mujeres desempeña algún tipo de trabajo esclavo, pero también recibió las declaraciones de Somaly Mam, que fue obligada a prostituirse en Cambodia y luego de superar esa condición se ha dedicado a luchar contra la trata de mujeres, empeño en el que ha conquistado una notoriedad internacional. La violación de los derechos humanos puede asumir formas muy variadas y a veces sorprendentes, como el caso de la saudita Manal Al Sharif, condenada a prisión por haber sido la primera mujer que se atrevió a manejar un automóvil en Arabia, aunque debió ser liberada bajo una protesta mundial. La pésima distribución de la riqueza figura asimismo -sobre todo en situaciones extremas- entre los factores que determinan una pérdida de libertad y una imposibilidad de gozar de los derechos elementales.
Eso fue destacado en el congreso con el ejemplo de Guinea Ecuatorial, minúsculo país africano que no solo mantiene una de las dictaduras más longevas del mundo sino que soporta las brutales desigualdades de una población cuya renta per capita es muy elevada (37.000 dólares) pero donde el 75% de la gente sobrevive con menos de un dólar por día. El Foro se ha ocupado igualmente de la azarosa situación de los medios periodísticos en países donde la prensa o la televisión son hostigadas o sancionadas por el poder político, en medio de operativos que tienden a concentrar los órganos de opinión en manos de empresas aliadas del gobierno. El encuentro de Oslo se cerró en momentos en que las masacres de Siria vuelven a estremecer el ámbito internacional, sin que los organismos encargados de velar por la paz sean capaces de adoptar medidas que vayan más allá de una diplomacia inoperante. Después de las horrorosas lecciones que en las últimas décadas han dejado los genocidios de Ruanda, Bosnia o Darfur, el caso de Siria vuelve a demostrar que la intervención internacional llega cuando ya es tarde.
También esas tragedias deben inscribirse entre los desastres que acompañan la falta de libertad.